• Jueves, 14 de septiembre de 2017
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Lula se declaró inocente y denunció una “caza de brujas”

El ex presidente y favorito para las elecciones se defendió ante el juez Moro en una causa por “corrupción pasiva”.

Agencias

El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva denunció una “caza de brujas” al prestar nuevamente declaración ayer en Curitiba (sur) ante el juez Sergio Moro, en una causa de “corrupción pasiva” similar a la que ya le valió una condena a casi diez años de cárcel.

Durante las poco más de dos horas de interrogatorio, el líder de la izquierda, que apela en libertad la primera sentencia, insistió en que este proceso es “ilegítimo” e “injusto”.

“Sólo quiero decir que hay una caza de brujas”, manifestó Lula en la audiencia, que fue difundida en videos colgados en las redes sociales del exmandatario (2003-2010) poco después de su finalización.

En esta ocasión, Moro deberá determinar si la constructora Odebrecht -pieza clave en la operación “Lava Jato”- pagó un terreno para el Instituto Lula en Sao Paulo y si puso a disposición de la familia del ex presidente un departamento en la vecina Sao Bernardo do Campo.

Antes de entrar en auto al tribunal vestido de traje y corbata, Lula, de 71 años, salió del vehículo para saludar a unos 300 partidarios y dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) que lo aclamaban.

 

 

La afluencia de militantes y organizaciones sociales para apoyarlo en esta ocasión -y en un mitin posterior en una plaza- fue mucho menor que la del anterior interrogatorio, el 10 de mayo, cuando unas 7.000 personas se desplazaron hasta el lugar.

Así y todo, unos 1.500 policías fueron desplegados para velar por la seguridad en la denominada “capital de la Operación Lava Jato”, la investigación que descubrió una tentacular red de corrupción en Petrobras.


El candidato más popular

Lula se declara inocente en todas las causas y denuncia un acoso que apunta a impedir su retorno al poder.

Entre los posibles candidatos en 2018, Lula es el que mayor intención de voto tiene (cerca de 30%), sobre todo en las regiones más pobres que se beneficiaron de sus programas de distribución de renta. Pero es también uno de los que más rechazo concita.